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31 de mayo de 2017

Las malas decisiones

Un hombre lleva dos botellas en sus manos, una para matar y otra para morir.
Sale de su hueco  para caminar un poco, mientras respira el aire húmedo que presagia lluvia en un par de minutos. Pasa por un parque, como todos los barrios en los que ha deambulado, en el que los niños juegan  los últimos minutos soleados del día. Su caminata prosigue hasta un callejón iluminado en el que se sienta en la vereda y vacía la mitad de una de las botellas.
-¿Cuántas malas decisiones se pueden tomar en un día? – Grita el hombre mientras se pone de pie y procede a vaciar la mitad de la otra botella.
Mira al cielo con locura y odio cuando un par de gotas le caen en toda la cara, refrescando su  piel, sus labios, sus ojos. En ese instante unas pequeñas lenguas rojizas empiezan a trepar  por una pared, buscan cada rincón por donde puedan entrar a dañar. Se multiplican estas lenguas hasta cubrir un edificio mientras lamen las paredes, saborean las texturas, llenan de su saliva a las personas de adentro mientras estas gritan de horror. Las pequeñas lenguas saltan hacia los vecinos llenas de emoción, les halan del pelo a las mujeres y de las barbas a los hombres, besan a los bebes en sus frentes mientras que se roban los pisos de madera en todos los departamentos.
El hombre saborea la sensación como las lenguas rojas a la gente, corre hasta el borde del edificio donde vacía a la vez ambas botellas. El cielo entra en rabia con las lenguas que tanto daño hacen y decide enviar su más potente tormenta sobre el hombre, el cual con rabia danza alrededor hasta que la tierra se deforme. En ese momento empieza a salir la gente corriendo del edificio gritando mientras las lenguas se les meten por todos los orificios, saboreando cada centímetro de piel.
Prosigue la guerra entre gotas y lenguas, ya todo dentro del edificio está podrido, desde el césped levantado hasta los cadáveres irreconocibles. El hombre es consciente de quienes no lograron escapar de su rabia, por lo que se acuesta en la calle riendo como loco, llorando como loco.
Llegan las personas encargadas de velar por lo que la mayoría cree correcto solo para encontrar las pocas lenguas que quedan sufriendo mientras se apagan, a los vivos llorando sus muertos con toda la amargura, y un cadáver con dos botellas vacías.

Mayo 2017
por Sísifo

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